Se suma lo que haría falta
El sustento de tu familia durante los años que elijas, más las deudas por liquidar, los gastos finales y la educación de los hijos.
Contesta seis datos y te digo la suma asegurada que tendría que cubrir un seguro para que, si tú faltas, en tu casa no cambie nada más que tu ausencia.
Escribe cantidades en pesos. Los campos que no apliquen déjalos en cero.
Se actualiza mientras escribes.
Suma asegurada $0
Escribe tu ingreso mensual para empezar.
Léelo antes de usar el resultado. Es un cálculo aproximado con el método de necesidades, hecho con las cantidades que tú escribes: sirve para tener una referencia, no es una cotización ni asesoría financiera personalizada.
No calcula lo que pagarías. La prima depende de tu edad, tu salud, el plan y la aseguradora, y solo se determina en una cotización formal. Esta herramienta te dice cuánta protección necesitas, no cuánto cuesta.
Sin fórmulas escondidas: puedes reproducir el cálculo con una hoja de papel.
El sustento de tu familia durante los años que elijas, más las deudas por liquidar, los gastos finales y la educación de los hijos.
Ahorros, inversiones y cualquier seguro de vida vigente. Solo importa el hueco que queda entre lo que se necesita y lo que ya está cubierto.
Es la cantidad que tendría que pagar el seguro. Con ese número en la mano, la conversación con tu asesora empieza en el lugar correcto.
La suma asegurada es la cantidad que la aseguradora le entrega a tus beneficiarios si tú faltas. Suena obvio, pero casi todas las decisiones equivocadas alrededor de un seguro de vida vienen de elegir ese número al tanteo: se contrata la cifra que aparece primero en una tabla, o la que hace que la prima se vea barata, y nadie revisa si de verdad alcanza.
El método que usa esta calculadora se llama método de necesidades y consiste en preguntarse qué gastos concretos tendría tu familia si tu ingreso desapareciera mañana. No parte de tu sueldo multiplicado por un número redondo, sino de cuatro necesidades reales.
Es el componente más grande casi siempre. Se toma el ingreso mensual que tú aportas y se multiplica por los meses que tu familia seguiría dependiendo de él. Lo difícil no es la multiplicación, es elegir los años: no hay un número correcto universal. Dos referencias que ayudan a decidirlo son el momento en que el hijo menor termina sus estudios y se vuelve independiente, y el momento en que tu pareja llega a su propio retiro.
Una hipoteca, un crédito de auto o un saldo de tarjeta no se cancelan con el fallecimiento: se quedan con quien hereda. Si el seguro no los cubre, la familia termina vendiendo justo el patrimonio que se quería proteger. Conviene sumar el saldo pendiente, no el monto original del crédito.
Son los desembolsos de las primeras semanas: servicios funerarios, trámites legales y sucesorios, y los gastos médicos que no hubieran quedado cubiertos. Es dinero que se necesita de inmediato, cuando todavía no hay ningún otro recurso disponible.
El gasto que más se pospone y el que más duele perder. Se estima lo que costaría terminar los estudios de cada hijo y se suma todo.
Al total anterior se le descuenta lo que ya está resuelto: ahorros, inversiones y seguros de vida vigentes. Aquí hay un detalle que conviene no pasar por alto: el seguro que te da tu empleo normalmente termina cuando dejas el empleo. Cuenta, pero no conviene que sea tu única red.
Si tu familia invirtiera la suma asegurada en lugar de gastarla poco a poco, ese dinero generaría rendimientos y por lo tanto necesitaría menos capital para sostener el mismo ingreso. El ajuste opcional aplica esa lógica con la fórmula de valor presente de una anualidad. Está en cero por omisión a propósito: la suma simple es la más conservadora y la que cualquier persona puede verificar a mano.
Tu suma asegurada cambia cuando cambia tu vida. Un hijo más, una hipoteca nueva o liquidada, un aumento de ingreso, un divorcio: cada uno mueve el resultado. Vuelve a esta calculadora cuando pase algo de eso.
Con el método de necesidades: se suma el sustento que tu familia necesitaría durante cierto número de años, las deudas por liquidar, los gastos finales y la educación de los hijos; después se resta lo que ya tienes ahorrado o asegurado. El resultado es la diferencia que un seguro de vida tendría que cubrir.
No. La prima depende de tu edad, tu estado de salud, el tipo de plan y la aseguradora, y solo puede darse en una cotización formal. Esta herramienta calcula cuánta protección necesitas, no cuánto cuesta.
No. Todo el cálculo ocurre dentro de tu navegador. Las cantidades que escribes no se envían a ningún servidor y desaparecen al cerrar la página. Si decides mandarle el resultado a Itzel por WhatsApp, tú eliges qué se manda y puedes editar el mensaje antes de enviarlo.
Los desembolsos inmediatos que enfrenta una familia: servicios funerarios, trámites legales y sucesorios, y gastos médicos que no hubieran quedado cubiertos. Es el dinero que se necesita en las primeras semanas, cuando todavía no hay ningún otro recurso disponible.
Depende de hasta cuándo tu familia dependería de tu ingreso. Dos criterios habituales son: hasta que el hijo menor termine sus estudios y sea independiente, o hasta que tu pareja alcance su propio retiro. Entre más años elijas, mayor será la suma asegurada.
Sí, réstalo en el campo de lo que ya tienes. Ten presente que ese tipo de cobertura suele terminar cuando dejas el empleo, así que conviene no depender solo de ella.
No conviene. Cambia cada vez que cambia tu vida: un hijo más, una hipoteca nueva o liquidada, un aumento de ingreso o un divorcio modifican el resultado. Lo razonable es revisarla cuando ocurra alguno de esos cambios.
No. Esta calculadora es únicamente para seguro de vida. Los gastos médicos mayores y el seguro de auto se dimensionan con otros criterios, como la suma asegurada por padecimiento, el deducible y el valor del vehículo. Para esos, escríbele a Itzel y los revisan juntos.
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El siguiente paso es una cotización real, con tu edad y tu situación. Toma unos minutos y no compromete a nada.